dimecres, 17 de novembre del 2010

Lulu de Alban Berg . Gran Teatre del Liceu (16/11/2010)


El dodecafonismo, sin duda, y los sagrados padres que lo engendraron, sin duda fueron escritos para mentes mucho más inteligentes, cultas y abiertas que la mía. Yo,claramente, debo ser un ignorante y un obtuso pues voluntad le he puesto, sin resultados.


Haciendo caso del Sr.Matabosch (nuestro "sabio" Director Artístico), llegué ayer al Gran Teatre del Liceu con los deberes hechos.Como siempre hago, pues en mi IPOD ha sonado mucho Lulu. Acto a acto. Escena a escena. Pensé que la versión de Michael Broder me haría ver la luz y le dimos una segunda oportunidad a la partitura de Lulu de Alban Berg. Oportunidad fallida.
Que Broder diga (quizás para vender las escasas 5 representaciones de esta Lulu) que la partitura es una de las más grandes de la historia de la opera y la mejor del siglo XX, me hace sonreir ante su inminente despido como director musical.
Agur Broder. Has pasado sin pena ni gloria por aquí.

Lulu musicalmente es una bazofia , un escarnio de lo que es la opera, y algo sencillamente insoportable. Pero claro, hubo bravos al final. Como decía el cuervo de Poe, pensé : Debo ser yo. “this is it and nothing more”. Pero uno observa un Liceu desangelado en ocupación. En el segundo acto deserción y en el tercero estaba yo prácticamente con cuatro colegas. Los viejos del lugar se perdieron esa “gran peli porno” con una interminable penetración en primer y gran plano algo difuminada del tercer acto. Pero de eso hablaré luego.

Ante tal panorama, ¿qué? Pues la orquesta hizo lo que pudo y Broder se marcó otra sesión aburrida al estilo Boulevard Solitude de hace unas temporadas. Las voces muy correctas con una Patricia Petibon a la que le obligan hacer incomodos desnudos integrales y cantar en posiciones difíciles. El resto muy correcto vocalmente. Sin bien aquello era poco más que una casa de locos.

En cuanto a la dramaturgia de Olivier Py….Bueno, quiero aclarar que me considero moderno y fan de todo lo undergorund. Soy defensor del erotismo en todas sus vertientes por considerarlo imprescindible en la vida y también creo que la estética pornográfica hace sus aportaciones. Aclarado esto, la dramaturgia del director francés es empalagosa, exagerada e innecesaria. Ambientado en peep shows y prostíbulos mientras los cantantes hacen lo que pueden se suceden striptease, orgías y diversas escenas sexuales del todo innecesarias. Y claro, puestos a provocar vamos ambientar parte del tercer acto, con una decadente Lulu ya abocada a la prostitución, en un cine X y claro pongamos la mencionada escena en un primer plano y aclaremos que en el Gran Teatre no se aconseja la entrada a menores.Yo pensé que a mi hijo de 4 años habría detalles que le hubieran gustado. Como los cabezudos o ese delfín de playa que le compré en verano. Y que en la ópera cumplen su función de sin sentido.

Creo que en tiempos de crisis, con un Teatre vacío, con parte de la plantilla en la calle, estas licencias que se toma el Sr Matabosch pues son muy caras. Porque la escenografía está trabajada, sí.
Así que uno se pregunta a qué esperan en el Liceu para echar a un tío que nos hace perder dinero y nos aburre de buena manera.
Y como cachondeo final, la sesión de ayer se registró para TV3.

Conclusión : hasta la fecha , la peor opera que jamás he visto.

Menos mal que viene Falstaff, Ana Bolena, Parsifal….y podremos olvidar (o no) esto.