divendres, 27 d’abril del 2012

Die Zauberflöte (La Flauta Mágica) de W.A. Mozart. Gran Teatre del Liceu 26/04/2012


Der Hölle Rache, en el Liceu

Tan sólo dos meses de que una fiebre reumática se lo llevara (las causas jamás han sido claras), Mozart dirigió el estreno de la que yo considero la mejor ópera de Mozart : Die Zauberflöte (La flauta mágica). Escrita para el teatro popular de Viena, para la gente de a pie, y alejada de la suntuosa Nobleza y sus palacios.

Mucho se ha escrito sobre esta ópera, pero de lo que está claro es que este cuento misterioso está repleto de homenajes ocultos y simbolismos a la Masonería. Especialmente en el segundo acto de este Singspiel (opera intercalada con diálogos) podemos ver y escuchar ritos y mensajes claramente masónicos.
No en vano, el trabajo de Mozart fue un encargo de quien escribió el libreto, el empresario teatral Emanuel Schikaneder, su hermano de Logia masónica de Viena.
Pero quitando todo el aspecto misterioso del Mozart más masón, la música de esta ópera, los solos, tríos y duetos son de lo mejor del compositor austríaco. Mozart compuso el area más complicada desde el punto de vista vocal, el area de la reina de la noche (Der Hölle Rache), donde el número de variaciones de notas por segundo está al alcance de poquísimas sopranos.

Ayer el Liceu repuso esta ópera, fuera de abono, y un servidor estuvo allí escuchando esta maravilla cargada de puro germanismo.
Lo mejor, claro está, la dramaturgia a cargo de Joan Font, Els Comediants. Claramente el vestuario, el atrezzo y la escena pensada por el grupo teatral es muy fiel a la obra de Mozart reforzando los rituales masónicos como expresa el compositor (era ayer una Logia el Liceu?). Una vez más el coro salió reforzado esta vez por la dirección de coro infantil
Susanna Philips como Pamina y Pavol Bresilki como Tamino estuvieron acertados sin deslumbrar. Joan Martinez Royo, gracioso como Papageno (el simpático pajarero) en un papel que no demanda mucho. Me gustó el papel de Sarastro, Georg Zeppenfeld, y la reina de la noche, Erika Miklósa, saldó con honor la famosa aria.
El resto del reparto bastante normalito.

En cuanto a la dirección musical, ayer los músicos del Liceu se quedaron en casa. Fue la Orquesta Nacional a cargo de Pablo González quien dejó L’Auditori para hacerse cargo de esta ópera. Una formación que estuvo comedida, sin brillar, pero saldó con holgura la papeleta. González, no obstante, tuvo algunas variaciones en el tempo que no fueron apropiadas.

Finalmente decir que pese a ser una reposición el teatro gozó de un lleno abosluto. Sólo tres días de representación pero cuando las cosas se hacen con cierto seny, la taquilla no es un problema. A la espera de las últimas funciones de la temporada y a la reposición a la chapucera de ciertas representaciones, aún esperamos que este Liceu se regenere por arriba.

Aquí tenéis La reina de la noche que ayer vimos : http://www.youtube.com/watch?v=swnKH9nPReg