El maestro Verdi tiene en su haber obras maestras de la historia de la lírica. Incluso aquellas obras menores, las que hizo por encargo como “il Corsaro”, son auténticas joyas de la ópera. Pero Verdi era famoso por su compromiso y exigencia. Reescribía sus obras,las adaptaba buscando una obra perfecta. Shakesperiano como fue, el músico pereció sin encontrar su música perfecta para el Rey Lear.
Era un genio con genio y un perfeccionista.
Dicho esto, la temporada del Liceu para conmemorar su bicentenario, es una injusta propuesta para un teatro de ópera. Presencié el primero de los conciertos (pase que no sea escenificado) pero es imperdonable dedicarle al músico sus Greatest Hits. El Liceu ha perdido la oportunidad de presentar grandes obras pero apenas presentadas en el mundo. Es el caso de su primera ópera Oberto o su ópera cómica más ácida : Un giorno di regno; Verdi tenía que escribir una ópera cómica justo después de haber enterrado a su esposa y a sus dos únicos hijos cuando apenas eran sólo unos bebés.
Lo que presencié en el Teatre fue un coitus interruptus musical y constante. Cuando uno empeiza a disfrutar de Oberto…se acabó y empezamos con un Giorno para luego irse a los coros de Nabucco y luego a Simon Boccanegra…. Musicalmente aquello era más un festival de barrio que una obra de Teatre.
El coro muy bien (vosaltres feu el Liceu, gritó un espontáneo ante la grave situación), las voces bien con un muy mayor Leo Nucci que quien tuvo retuvo…
La orquesta muy espesa. Achacada por el parón del ERE es una orquesta amputada y sin apenas ensayos. El nivel que adquirió en manos de Sebastian Weigle ha ido caído empicado. Y la dirección musical, a cargo del Sr David Giménez , correcta.
Y ahora qué? Pues a malvivir. Un Teatre en coma sin dirección artística, con la marcha anunciada de José Luis Basso, con la amenaza del director musical Josep Pons, con un Director General nuevo que no sabe de que va esto y con problemas para pagar cachés la cosa pinta muy mal.
Ahora viene un Haendel y luego un Pau Casals….Hasta Wagner no nos esperan grandes cosas. Menos mal que el alemán nos salva cada año.
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