Calculo que desde hace 25 años he visto a Enrique Bunbury cada vez que ha venido a Barcelona. Primero con aquellos dudosos Heroes del Silencio y luego con su verdadera apuesta en solitario.Así que algo sabemos de este zaragozano que acumula discos de oro y que desbancó al todopoderoso Joaquin Sabina como el artista rey del mundo latino. Mi relación con él es como la de un padre que ha visto crecer al hijo, porque aunque Enrique me lleve unos años yo a él lo he visto crecer como artista desde el principio, y lo quiero y lo rechazo por igual.
Gran conocedor del mundo del escenario, Bunbury supo trabajarse muy bien a su público. Primero al de América Latina con interminables giras y después quiso traerse parte del mundo indie a través del album a medias que hizo con el gran Nacho Vegas. Perdiendo por el camino a todo aquel europeo que enamoró con su grupo, justito de técnica pero infalible en ventas.
Le he visto cometer y reconocer tantos errores artísticamente, personalmente o musicalmente como aciertos y bombazos de más alto nivel,que me sabe mal que no acabe de cerrar su brillante círculo. Ayer en Barcelona brindó el mejor directo que le he visto hacer nunca.La veteranía es un grado y Enrique ya empieza a estar de vuelta. Contento, suelto, relajado y nada presentuoso Bunbury se presentó en la sala modesta del Sant Jordi para repasar, por fin sin complejos, su trayectoria. Y trató a sus poco más de 2000 seguidores igual que se estuviera en los majestuosos estadios mexicanos que tan bien le quieren. Sobrio, nada de rones o reposados. A base de agua. Este padre de familia ya no tontea con las drogas que tanto daño le han hecho.
Un juego luminoso lo trajo a través de una nave espacial a ritmo de Shostakovich y desgranó temas de todos los tiempos, incluso su “deshacer el mundo” que abría aquel Avalancha cuando el cantante jugaba a ser una estrella del rock maldita.Quien tuvo retuvo, y tonterías siempre hay. Suena mal que alguien que ha vivido en Cadiz, Zaragoza y ahora en Los Angeles diga que Catalunya es su segunda casa. Discutible, claro, muy a lo Julio Iglesias a quien le gusta tanto España que por eso vive fuera. O el fallido Loquillo con la que nos ha montado en Catalunya sea el invitado de honor. O que incluso critique al Rey de España cuando comparte escenario con el ultramonárquico Andrés Calamaro.
Pero Enrique es así. Y si quieren saber cómo es él lo tienen en la última canción de Pequeño : Contradictorio.
Genial puesta en escena con una banda muy adecuada que concretaba bien los temas. Ausencia de Jordi Mena bien suplida. En cuanto a la estética…bien, nos podemos pintar las uñas, maquillarnos o llevar pantalones de cuero. Está bien, pero que sepan que el primero de la clase nos dejó el pasado mes de Octubre. Pero eso es otra historia.
Dice el artista que todavía le queda hacer su mejor album. Será difícil superar El Viaje a ninguna parte. Desde entonces ha firmado discos irregulares con temas muy brillantes dentro. Eso sí, vuelve pronto porque aun que no te lo creas del todo, se te quiere.
1. Intro – Shostakovich
2. Despierta
3. El club de los imposibles
4. Los inmortales
5. Contracorriente
6. Hijo de Cortés
7. Ódiame
8. Más alto que nosotros el cielo
9. Porque las cosas cambian
1. El extranjero
1. Deshacer el mundo
1. El rescate
1. Los habitantes
1. Salvavidas
5. El hombre delgado que no flaqueará jamás
1. Destrucción Masiva
1. Hay muy poca gente
1. Frente a Frente
1. Que tengas suertecita
2. De todo el mundo
2. Sí
2. Lady Blue
Encores :
3. Miento cuando digo lo que siento
4. Apuesta por el rock and roll (Con Loquillo)
2. Infinito
2. Bujías para el dolor
2. Sácame de aquí
2. El Viento a favor
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