dimecres, 28 de novembre del 2012
El desencanto de Nacho Vegas
Decía Lou Reed en las notas de Metal Machine Music que “una semana mía supera tu año”. A Reed se le recuerda pasar los aeropuertos con un maletín cargado de jeringuillas, las dosis preparadas, la delgadez extrema, las semanas enteras sin comer en largas giras acompañado con Rachel,un transexual de la que se enamoró y un largo etcétera que hacen que hoy Lou Reed sea un milagro andante. Que nadie le mencione nada de esto al viejo Lou o se arriesga a ver una paella estampada contra la pared de un restaurante y dejarle plantado (Jordi Tardà así lo sufrió..)
Mucho menos glamuroso, más sórdido y más intenso han sido los 35 años de Nacho Vegas. A él, se le recuerda en escena apenas en pie cantando. La primera vez que lo vi, después de haber firmado uno de los discos más grandes de la historia de la música rock, Desaparezca aquí, el pobre no se tenía en pie y apenas podía hablar.
Los que le conocen bien, sobretodo exnovias, dicen que la vida que con un heroinómano es imposible. Su vida turbia, con capítulos sexuales y drogadictos adelantados en su libro “Política de hechos consumados”, viene marcada desde la relación y muerte de su padre (inmortalizado en el tema “Angel Simón”) hasta sus escarceos con chaperos, orgasmos basura como él los llama, y mucha, mucha droga dura.
Hoy Nacho está limpio, aún nos queda ese vicio de botella. Vivir tranquilamente de la música parece que le da más seguridad. Gracias a amigos, entre ellos Christina Rosenvinge, Nacho habla tranquilamente, te escucha, sonríe y graba discos, llenos de dolor, eso sí. Es para mí, el músico de rock en castellano más grande de todos los tiempos. Y el personaje de maldito parece no incomodarle.
A él parece no importarle mirar atrás. Este mes, Rockdelux regala “El Fulgor” un documental que explica un momento íntimo : construir una canción.Grabado en sesiones de hace unos años, Nacho habla despacio sin parar de rascarse la nariz (efectos de la heroína cuando se fuma o se inhala). La canción, una maravilla vegasiana, habla sobre una visión apocalíptica en la época donde las esferas invisibles, su grupo de antaño, le daba soporte musical. Un documento curioso pero con un Nacho al fondo del abismo y en su máximo esplendor creativo.
En paralelo se edita “Cajas de música difíciles de parar o el desencanto de Nacho Vegas” un crudo relato de parte de su vida con capítulos muy basado en el extraordinario doble album que publicó en 2003. Dicen que si la vida de Nacho no hubiera sido así jamás tendríamos esas grandes canciones.
Su vida sencilla (vive en el humilde barrio de Cimadevilla, Gijón. Se le ve en el Mercadona o en el Al Campo…) parece no querer cambiarla. Si le lanzas un piropo no te mira y siempre lleva un estratégico flequillo que le camuflan sus ojos pequeños con frecuencia con ojeras. Los hay que dsifrutan viéndolo mal (así hay mejores temas, dicen…). Es un niño grande y una persona muy sencilla.
Por mi parte, espero que Nacho siga el camino de la luz clara (pero no el White light de la anfetamina que contaba The Velvet Underground). Yo seguiré yendo a todos y cada uno de sus conciertos que se me pongan a tiro.
Es Nacho Vegas, inigualable.
“Cajas de música difíciles de parar o el desencanto de Nacho Vegas”
de Carlos Prieto
Publicado por la Editorial Lengua de Trapo.
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