No seré yo quien juzgue la música de Weber pero los números cantan. Mientras el genio de Salzburgo compuso obras como churros, a cual mejor (superándose a sí mismo en el campo operístico), Weber cuenta con unas pocas óperas de las que destaca la que más éxito tuvo en su tiempo Der Freischutz (El cazador furtivo) que para más inri es un singspiel (obra hablada con interludios musicales).
Ayer en el teatre se pudo ver esta pieza, para algunos maestra, en un aforo muy desangelado.Media entrada, diría yo. Y es que sigo insistiendo en que programando cosas como esta el histórico Teatre de las Ramblas tendrá que bajar el telón una temporadita como ya pasará con el inicio de la temporada 11/12.
No es mala esta ópera, tampoco es experimental pero es bastante aburrida. Especialmente el primer acto. Porque tras una obertura curiosa los recitativos son larguísimos y las partes musicales escasas en un primer acto demasiado largo para lo que la pieza requiere (103 minutos, el primer acto).
Michael Broder estuvo bien pero despertó a la orquesta en el segundo acto con un buen acompañamiento a las areas más populares y moderando los instrumentos de viento. En el primer acto tuvo largos descansos cosa que la orquesta no acababa de coger el ritmo.
Las voces estuvieron bien sin esmerarse ni quemar muchas naves. Y es que, amigos, tenemos una edad. En el papel de Agathe, un clásico liceístico : Petra Maria Schnitzer que no tuvo su mejor noche pero estuvo a la altura de una partitura que no exige vocalmente. Su marido, otro clásico, Peter Seifter, suspendió por temas de salud y fue sustituido por un eficiente Chistopher Ventris al que ya vimos en Parsifal. Ofelia Sala, bien, como nos tiene acostumbrados.
La obra es tétrica pues el enamoramiento va mezclado con pactos con el diablo y ambientes infernales. En ese sentido, y sin que sirva de precedente, la dramaturgia de Peter Konwitschny estuvo acertada pero metió tonterías y alguna cosa fuera de lugar. No apruebo que el libretro se adultere para meter frases en catalán y las voces electrónicas o ciertos disfraces sobraron. Sin embargo, por minutos el Liceu se convirtió en algo tétrico y ahí sí que hay mérito pues consiguió meter el ambiente deseado.
Pero vaya, es una dramturgia muy propia de las producciones del Stasooper de Hamburgo.
No está mal la cosa, pero yo me aburrí. Quizás porque estamos teniendo temporadas donde se está abusando del repertorio alemán y un Verdi nunca viene mal.

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