diumenge, 29 d’agost del 2010

Mikel Urdangarin : Fornells de la Muntanya (Toses) , 13/08/2010

(Mikel en una imatge promocional)

La verdad es que llegué in extremis al hotel de Planoles. Y, in extremis al recital pues me perdí. Pero allí estuve, en un entorno natural muy bonito, en Fornells de la Muntanya (Toses) enmarcado en el festival Romànic en Viu. Como si los dioses lo hubieran planeado teníamos un clima muy vasco, es decir, húmedo y frío. Era mi oportunidad de ver a un cantautor maldito en mis directos (me puse enfermo en varios recitales que hizo hace años en Barcelona). Pero aun conservo el gran privilegio que tuve al verlo en Barcelona en el Caixaforum haciendo un recital junto a Kirmen Uribe.

Justo en la entrada vi a Mikel intentando repasar algún probable tema mientras Rafa Rueda lo esperaba, quien lo acompañaría a la guitarra. Un auditorio pequeño, de bolsillo y un público respetuoso. Y Mikel arrancó con un homenaje a Mikel Laboa. No vi a su violinista, Nika Bitchiashvili, un músico que lo suele acompañar y que da un toque de color a sus discos y directos. Puede parecer una tontería pero ese violín me resulta casi imprescindible en algunos temas. Mikel lo excusó.

Y enlazó temas escogidos a gusto por el músico y reorientado en parte por la ausencia de violin. Así por ejemplo el solo de Hezurrak (tema con el que arranca Zubia, su último trabajo) fue substituido por un agradable y sensual acompañamiento de voz.
Ezin esan, Urriko poema o la maravillosa Munduari begiratzeko modu bat (gracias por regravarla, pues era más que necesario tras el crecimiento del tema en el directo). Me pareció simpático que cantara la canción fantasma de su album Dana (un tema sorpresa no anunciado en el album y que es muy bonito)
Simpático, presentando los temas a veces en un esforzado catalán, contando alguna anecdota y en una escasa hora repasó temas que me suponen emblemáticos.
Su voz, cada vez mejor, y su guitarra lo acompañaban.

A la eléctrica, Rafa Rueda. Un músico interesante con una carrera propia pero que quizás, y subrayo la palabra quizás, cometa el pequeño error de no dar más protagonismo a su carrera y centrarse mucho en ser el músico de "otros". Algo parecido a lo que ocurre con Abraham Boba y su condición de teclista de Nacho Vegas. Eso sí, ambos acompañan de forma impecable.

Final de recital y encuentro con el autor, rodeado de gente ansiosa de tener un recuerdo y de felicitarlo. Rodeado de amigos. A mi me hace una ilusion enorme volver a verlo. Nos cruzamos un par de abrazos y una breve conversación. Para mí, muy emotivo. Me apetece un montón preguntarle mil cosas, acompañarlo más tiempo pero decido irme. Está cansado y los años me han enseñado que los músicos están incómodos ante tanta expectación fuera del escenario. Sumarle mi timidez.
Ojalá vuelva. Para mí me pareció casi insultante no traerlo para el Euskal Herria Sona y lanzé un simpático pero tirón de orejas a la Euskal Etxea.

Mila esker , Mikel.

Repertorio , de memoria, con ausencias y algun error pues no lo anoté (se saltó a la torera el programa anunciado. Genio y figura)

1.Hezurrak

2. Notak papek solte batean

3. Ezin esan

4. mendian gora

5. Hauskor

6. Urriko Poema

7. Munduari begiratzeko modu bat

8. Baratze bat

Mikel Urdangarin : Una mirada post- recital



Me resulta complicado expresar lo que las canciones de Mikel Urdangarin, su personaje y su persona suponen para mí. De sobras es conocida mi afición por la música de autor euskaldun, y tengo una larga lista de autores que ya conocéis y que voy rastreando. Pero la figura de Mikel es algo muy muy especial para mí. Sus discos están en un rincón especial de casa y sus canciones en un rincón de mis sentimientos.

Y es que sin entrar en la música todavía, la figura de Mikel me supone en primer lugar un signo gigante de admiración y un antiespejo de lo que ojalá yo hubiera conseguido. Porque para aquellos que no lo sepáis (la información en wikipedia de él es casi toda mía) Mikel tenía una silla muy cómoda en su día. Preparada para él, para quedarse. Allá en Euskal Herria, como profesor. Dejar esa silla y andar un camino nada fácil (cantautor y encima en euskera) supone valentía, autoconfianza, fe y talento. Sobretodo talento, cosa que a Mikel le sale hasta por las orejas. Las cosas tampoco fueron tan utópicas como parecen pero lo cierto es que él se ha marcado un lugar.
Apuesto el alma a que si él hubiera sido de otra generación, hoy sería una leyenda viva como Lertxundi o el ya fallecido Laboa. La figura de Mikel me produce admiración y un sentimiento de "tú llegaste y yo ni siquiera lo voy a intentar".

Las canciones son un mundo que me remueven por dentro. Supongo que cuando encima pone música a la letra de mi escritor favorito (de sobras ya conocéis mi devoción por Kirmen Uribe) la emoción se acentúa. Y es que escuchar a Mikel supone sentarse y leerlo. Por algo se toman la molestia de mimar tanto las ediciones de sus discos. Auténticas joyas plásticas.
Las canciones,decía, son maravillosas y no puedo decir que disco es mejor pues el último, Zubia, me parece un tesoro pero los otros....son maravillosos. Quizás me gusta más su última etapa, a partir de "Dana", aunque me enganché a él bastante antes.

Con Mikel me ocurre lo que me pasó con Lluís Llach o Leonard Cohen, me apetecería que regravasen discos porque su voz con los años me gusta más. La voz en sus directos o en sus últimos discos me encanta. Lou Reed siempre ha dicho que cuando uno canta te tienes que creer lo que canta y con Mikel me pasa. No es tanto su timbre sino la forma de cantar.En, Jone, por ejemplo (una de sus últimas canciones) la emoción es extrema en parte por su forma de cantarla.

Este es Mikel, bajo mi punto de vista. Cualquier día lo tendréis en casa pues una de mis tradiciones navideñas es regalar discos suyos a modo de souvenir. Quizás por eso, desde Elkar (megatienda vasca y mi proveedora por internet) alguna vez se hayan extrañado de haber comprado varias cantidades de algún disco suyo.

Por todo esto, este verano, en Fornells de la Muntanya se revivieron ciertos sentimientos.